Tu carta por QR con Bruno adentro: recomienda, sabe de vinos, avisa alérgenos y te deja el pedido listo.
Escanea el QR de su mesa y aparece la carta con la foto de cada plato. Si pregunta algo, la carta le contesta: qué corte es más tierno, qué vino va con el ojo de bife, qué hay sin TACC. Cuando decide, el pedido le llega al mozo listo para pasar a la cocina.
El mozo sigue haciendo lo de siempre: sirve, atiende, está presente. Bruno no lo reemplaza — le saca de encima las cinco preguntas de todas las noches y las vueltas al salón por una gaseosa más.
Cada etiqueta con su historia: el productor, la cepa, con qué corte marida. Los de baja producción dejan de necesitar que alguien los explique.
Responde qué es apto y qué no, siempre con la aclaración de confirmarlo en el local. Sin que el mozo tenga que ir a preguntar a la cocina.
Nos decís qué empujar esta semana —el plato del chef, el ojo de bife— y Bruno lo ofrece primero, a todas las mesas, siempre.
Si el comensal escribe en portugués o en inglés, le contesta en su idioma. La comanda te llega igual en español.
Lo que pasa por la carta queda registrado. Eso es lo que después mirás vos.
Tenías tres y quedaron dos. Bruno no ocupa ese lugar: hace que no haga falta ocuparlo. Toma el pedido mientras tus mozos sirven, y el que quiere otra copa de vino no espera a que alguien pase por la mesa — la pide y llega.
Con 35 mesas entre el salón, el fondo y la vereda, es el plan que corresponde: el otro llega hasta 15.
La puesta a punto es pago único: carga de la carta completa con alérgenos y calorías, los 30 códigos QR numerados por mesa, la página web del local sin cargo, la puesta en marcha y la capacitación al equipo. La impresión física de los QR corre por cuenta del local. Los valores se ajustan trimestralmente.
Como la tengas: PDF, foto o el archivo del diseñador. Con los vinos y sus productores.
Carta cargada con alérgenos y calorías, los QR numerados por mesa, el panel de comandas y el de datos.
Vos y tu equipo en el salón, nosotros del otro lado guiando: se prueban las mesas una por una y capacitamos a los mozos ahí mismo. Sin coordinar visitas ni esperar a que alguien viaje.
Con tiempo para que ustedes le agarren la mano antes de la temporada.
Hoy Bruno trabaja en paralelo: el pedido llega al panel y el mozo lo pasa a Maxirest. En una segunda etapa lo conectamos directo, para que el pedido entre solo. Requiere que Maxirest nos habilite el acceso, así que se cotiza aparte una vez que confirmemos con ellos qué se puede hacer.
Si arrancamos ahora, en octubre tu equipo ya le agarró la mano y la vereda abre con todo funcionando.